“Los derechos no son aquello que alguien me pueda dar, sino aquello que nadie me puede quitar”

  • El 1 de mayo de 1886, en Chicago, los trabajadores de las fábricas iniciaron una huelga a fin de conseguir la jornada de 8 horas. El día 4 tuvo lugar la revuelta Y MANIFESTACIÓN de Haymarket en la que murieron o fueron heridos muchos trabajadores por la intervención de la policía, pero a final de mes tanto empresarios como la mayoría de los gobiernos concedieron la jornada de 8 horas. Fue entonces cuando se dio un gran crecimiento en la afiliación a los sindicatos, que hasta entonces no habían tenido mucho predicamento.
  • Han pasado 135 años desde entonces, y nosotras, las mujeres, no hemos conseguido esa jornada de 8 horas porque nuestra dedicación es a jornada completa. Ya desde la cultura griega que sepamos, las mujeres fuimos recluidas en el hogar, el “Oikos”, mientras los hombres eran dedicados a la “polis”, a lo público, lo cual suponía, no sólo una separación de trabajos por sexo, sino una exclusión de las mujeres de la cultura y de la política, pero también del trabajo profesional, de la investigación, de la ciencia, del deporte, de la lectura y la escritura. De todo lo que los hombres han reservado para sí mismos.
  • Para remediar, muy modestamente, toda esta gran brecha de siglos y milenios, no sólo en los salarios, sino en todos los órdenes de la vida, – aunque la educación, las leyes y las oportunidades de trabajo nos hayan incorporado a la vida civil, económica y política -, muchas de nosotras han quedado muy rezagadas en todos los campos sociales. Y para intentar corregir esta desigualdad e injusticia, un grupo de mujeres hemos creado un Sindicato de Mujeres, pero no un sindicato como los demás, que se dedican a reivindicar los derechos de los trabajadores empleados frente a los empleadores, sino un Vindicato, precisamente para luchar por los derechos de tantas y tantas mujeres que trabajan en jornada completa y sus trabajos no son reconocidos. Y, por tanto, tampoco sus derechos. Es decir, por una inmensa mayoría.
  • Le hemos llamado Vindicato en memoria de una de las pioneras feministas, Mary Wollstonecraft, que escribió Vindicación de los derechos de la mujer, cuyo lema era “sin derechos no hay obligaciones”, lo que nos acerca a la “desobediencia civil”, que es un modo de luchar pacíficamente. Si reivindicar significa pedir un derecho que aún no hemos alcanzado, vindicar quiere decir “recuperar lo que por naturaleza nos pertenece”. Porque los derechos no son aquello que alguien te puede dar, sino aquello que nadie te puede quitar. Y, la verdad, es que nos han quitado casi todo, dejándonos sólo las obligaciones.
  • Nosotras distinguimos entre trabajo, empleo y vida personal. El trabajo es todo lo que hacemos las mujeres para mantener y cuidar la casa y la familia de modo gratuito, es decir, por amor. Nadie nos paga por eso, porque como somos tan buenas y tan tontas, todo lo hacemos por amor. ¿Sabéis, por ejemplo, que los trabajos del ama de casa supondrían un monto de 2.500€ mensuales en lo que se ha llamado la “factura en la sombra”? El empleo es aquel por el que se nos paga una retribución, en muchos casos injusta, menor que a los varones y muchas veces en negro. Y, por último, la vida personal, que sería la “privacidad”, aquello que Virginia Woolf llamó “la habitación propia”, es decir, todo ese tiempo que deberíamos emplear en desarrollarnos como personas, a hacer lo que nos gusta, a practicar nuestras aficiones, a leer, escribir, hacer deporte, pintar o pensar, es decir, a los proyectos personales. Cuando las mujeres creemos que estamos hablando de la vida privada, en realidad estamos hablando de nuestra “vida doméstica”.
  • Pues bien, el VINDICATO, quiere dedicarse a esos tres aspectos de la vida de las mujeres, porque la vida no puede ser eso que se nos escapa como agua entre los dedos, la vida no puede ser eso que pasa delante de nuestras narices mientras estamos ocupadas en multitud de tareas. Esa vida de las mujeres con todas sus preocupaciones, sus proyectos, sus deseos y sus necesidades es lo que importa al VINDICATO. Por eso no somos un sindicato al uso. Porque los sindicatos se ocupan de todo lo relativo al empleo, pero no de todo lo demás.
  • Cuando presentamos los ESTATUTOS para su inscripción estábamos seguras de que no los iban a aprobar. Un Sindicato que no se ocupaba solamente del empleo, un Sindicato que no tenía un Secretario General, sino un triunvirato rotatorio, un Sindicato que se ocupaba de la vida de las personas…. No era un Sindicato, o, al menos, se trataba de un Sindicato novedoso. Pero, hete aquí, cuál sería nuestra sorpresa ¡que nos lo aprobaron!
  • El VINDICATO no es un Sindicato de clase, sino transversal; no es un sindicato obrero, sino de mujeres; no es un sindicato frente a la patronal, sino a favor de las sindicadas.
  • Actualmente, las condiciones económicas y sociales han cambiado radicalmente desde el siglo XIX. La clase obrera ya no existe como tal y menos la conciencia de clase, al menos en el mundo occidental. Hoy, la clase obrera son unos privilegiados frente a otros colectivos como son los parados, los precarios, las mujeres o las gentes del mundo rural. Hoy, más que proletariado, lo que existe es un precariado. Desde la caída del muro de Berlín, el capitalismo neoliberal o capitalismo salvaje se ha ido imponiendo o triunfando con reformas laborales, contratos y abusos a su medida. Lo que los obreros y la sociedad en general vino disfrutando del llamado estado de bienestar desde después de la Segunda Guerra con las políticas keynesianas socialdemócratas ha dejado de existir, aunque no completamente, claro. Desde la caída del muro, el empresariado y las grandes corporaciones dejaron de temer al movimiento obrero, que se había quedado sin modelo en el cual verse reflejado y apoyado. De este modo, desde el punto de vista económico, estamos viviendo en un casino regentado por ludópatas.
  • La situación actual, y más después de la pandemia, es totalmente crítica. Sobre todo, para las mujeres, porque lo que se ha hundido son los negocios relativos al turismo, a los servicios, al comercio y a los cuidados. Por eso, más que nunca, las mujeres tenemos que unirnos, ya que somos las más perjudicadas. Unirnos de modo transversal para crear lazos de sororidad y de apoyo mutuo. Y transversal significa de cualquier clase social, de diversa formación y de tendencia política siempre que se esté a favor de los derechos, de las libertades y en contra de la exclusión.
  • Nuestras preocupaciones más urgentes son:
  • El tema de las pensiones de las mujeres que no han cotizado y de las viudas o divorciadas, porque precisamente no han cotizado todos esos trabajos dedicados al hogar y a la familia.
  • La situación de las mujeres paradas, sobre todo a partir de cierta edad.
  • Las familias monoparentales, que tienen que sacar unas hijas e hijos adelante ellas solas sin prestaciones suficientes del Estado.
  • Las mujeres profesionales, que tienen que elegir entre su carrera y tener hijos porque no existen suficientes guarderías gratuitas ni otras facilidades para compatibilizar ambas cosas.
  • Las mujeres mayores, que, en muchos casos, pasan los últimos años de su vida, o bien solas y con pocos recursos, o bien hacinadas en residencias, que se han convertido en un negocio para los “fondos buitre” y son simples números para hacer caja. El ejemplo de esta pandemia ha sido flagrante, con un balance realmente trágico. Hay que plantear a las Administraciones nuevas soluciones habitacionales o viviendas colaborativas, no sólo para que tengan dónde pasar la vejez, sino cómo llevar una vejez activa y una vejez lejos de la soledad.
  • Atender a los trabajos de las jóvenes, buscando y proponiendo nuevos nichos y campos en nuevos trabajos que todavía no existen.
  • Las mujeres inmigrantes, tal vez las más vulnerables de todas. Facilitarles mejores condiciones de vida, aligerar la burocracia y establecer redes sociales y de colaboración entre ellas y las nacionales, porque viven en auténticos guetos.
  • Mujeres en el arte y la cultura, que es uno de los campos más abandonados tradicionalmente en España. Para nosotras, la cultura es muy importante.
  • Mujeres en el mundo rural, sobre todo en esa “España vaciada” de la que tienen que emigrar, cuando tantas cosas se podrían hacer en esos lugares.
  • Y, por último, mujeres en situación de trata y prostitución, con vistas a la abolición de las mismas, pero dándoles una salida. (Federica Montseny)

Cuando la feminista radical de la segunda ola, Kate Millet, en los años 60 proclamó aquello de que “lo personal es político”, nos abrió una senda muy interesante. No sólo porque las reivindicaciones propias de las mujeres tenían que entrar en la agenda política, sino que distinguió entre la política y lo político. Pues si bien la política es lo que hacen los partidos y sindicatos, lo político es todo lo demás, es la vida misma. Porque no bastan las leyes de igualdad, sino que hacen falta otras muchas cosas que pasan por las necesidades diferenciales de cada persona y de cada grupo. Como decía Marx: “de cada quién según su capacidad, a cada quién según su necesidad”. Y esto va más allá de la igualdad y se llama equidad. Porque no se puede tratar igual a los diferentes, ya que sería totalmente injusto.

El VINDICATO quiere llegar a ser un agente social, es decir, poderse sentar, en pie de igualdad, en la misma mesa, con las Administraciones del Estado, con otros sindicatos, con los empresarios y con otras entidades con las que hay que dialogar y tratar de cambiar el rumbo de muchas políticas, costumbres y leyes. Pero esto sólo se puede lograr si somos muchas. Porque si fuéramos muchas, seríamos las representantes del mayor de los grupos sociales. Nada menos que del 52% de la población. Todo esto es un sueño, pero ya sabemos que los más largos caminos comienzan con un primer paso. Y que las cosas grandes comienzan siendo pequeñas, muy pequeñas, como es ahora el VINDICATO. Y no olviden que “sin derechos no hay obligaciones”. Y que “los derechos no son aquello que alguien te puede dar, sino aquello que nadie te puede quitar”.

Re-conocer

El Patriarcado se las ha arreglado para delegar los trabajos más ingratos en manos de las mujeres, pero, de tal modo los ha normalizado, que nos resultan como si de una ley natural se tratara. Y, sin embargo, fueron producto de un confinamiento político. Las mujeres tenían que estar encerradas en el hogar, en el oikos, mientras que la ciudad, la polis, era para los varones. En la misma línea, todos los trabajos del hogar correspondían a las mujeres, y todos los trabajos de la ciudad, a los hombres con lo que ello supone de estatus. 

            Como sabemos, para los trabajos en el hogar no hacen falta especiales conocimientos científicos, de ahí que, durante siglos, las niñas fueran apartadas de la instrucción, salvo en lo relativo a las tareas del hogar y la enseñanza religiosa, mientras que los varones eran instruidos en todos aquellos conocimientos que requerían sus oficios o sus dedicaciones intelectuales. Esto dio lugar a poblaciones totalmente asimétricas con mujeres apartadas totalmente del conocimiento reglado y, por tanto, analfabetas.  

Los trabajos naturalizados del hogar, casualmente, no han sido reconocidos socialmente, por eso no se pagan. Y como, además, se supone que se hacen por amor, no tienen precio. Sin embargo, son esos trabajos y dedicación, desde el nacimiento hasta la muerte de cada quién, los que nos permiten mantenernos vivos, alimentarnos, poder ir a la escuela o a los trabajos, vivir acompañados y aprender a amar y a ser amados. Y no sólo no son pagados, sino no-reconocidos.

            La postura de El Vindicato es que los trabajos del hogar, salvo las funciones insustituibles de la maternidad, han de ser compartidos por todos los miembros de la familia según sus posibilidades. Y que el Estado ha de subsanar semejante desigualdad e injusticia con servicios públicos suficientes como para que la vida de las mujeres con responsabilidades familiares no suponga una doble carga. Y la que sólo se dedique al hogar, el ama de casa, tendría que recibir algún tipo de salario. Muchas más ayudas y prestaciones, incluso, tendrán que destinarse para las madres solas y las viudas con pensiones mínimas.

            No nos olvidamos en absoluto de las mujeres empleadas en el trabajo doméstico por cuenta propia y que no tienen, en muchos casos, ningún tipo de protección ni seguro de desempleo. Más aún si son extranjeras sin derecho a la Seguridad Social. Tenemos como objetivo que todos estos trabajos sean reconocidos social y salarialmente, y con ellos todo ese número ingente de mujeres que los realizan y que hacen posible y cómoda la vida de los otros.

MUJERES MALDITAS

Desde la la Asociación Hierbabuena de Écija la periodista Lola Bello realiza una interesante entrevista a Victoria Sendón de León sobre las malditas o ¿Habría que decir las malas, las brujas, las locas , las raras, las rebeldes y las olvidadas? pero no hay que quedarse ahí porque sin el aura y el glamour reservado a quienes sí que pueden ser los Malditos Victoria nos habla de las que han sido infravaloradas, de las que han tenido tendencias autodestructivas, las criminales y las que se salen de las convenciones sociales. No te pierdas el increíble recorrido de estas mujeres ante tanta ignominia patriarcal.

Las mujeres malditas 👈🏽 Pincha el enlace para escucharlo

Agradecemos a la Asociación Hierbabuena de Écija el permiso de reproducción de esta entrevista.

El vacío existente en los sindicatos respecto a las mujeres

La situación de la Política en nuestras democracias actuales se encuentra en un momento grave de crisis y de incertidumbre. Partidos de ultraderecha amenazan estas democracias con posibles dictaduras venideras, que junto a la economía neoliberal dominando el mundo, pueden hacer de éste un infierno. De aquí que la ciudadanía tenga que armarse frente a la Política y a la Economía. Los Partidos miran por los suyos y sus intereses, mientras que los Sindicatos viven en un mundo pasado y paralelo.

            Los sindicatos fueron creados en unas circunstancias en las que la clase obrera tenía conciencia de tal y se concentraba en los grandes emporios fabriles, en los que se agrupaban la mayoría de estos trabajadores, trabajadores industriales entre los que era posible una resistencia al empresariado. De hecho, consiguieron grandes logros hasta desembocar en el llamado estado de bienestar.

            Actualmente, las condiciones económicas y sociales han cambiado radicalmente. La clase obrera ya no existe como tal, y los sindicatos siguen centrándose en los problemas de los trabajadores, que en el presente son unos privilegiados frente a otros colectivos como son los parados, los precarios, las mujeres o el mundo rural. Ya no sirven, porque no están diseñados para el mundo actual ni han conseguido ir adaptándose a éste. La falta de adaptación les hará desaparecer. Si algo hemos aprendido de la teoría de la evolución es la premisa de que sólo sobrevive el que mejor se adapta a las condiciones del medio. Pero, como bien decía la bióloga Lynn Margulis, “No es más fuerte el que combate, sino el que coopera”. El proletariado ya no existe, más bien el precariado, en el que estamos todas.

            La ciudadanía sabe que está desprotegida ante lo que se nos viene encima, pues, además de las amenazas políticas y económicas, tenemos pendiendo sobre nuestras cabezas la espada de Damocles del cambio climático, así como la reacción virulenta del Patriarcado contra la eclosión feminista.  Diferentes revueltas ciudadanas surgen en diversos puntos del planeta, pero se trata de movimientos caóticos, plurales, que actúan en momentos puntuales, lo que indica que algo nuevo se hace necesario.

            Por todos estos motivos, es urgente que las feministas y las mujeres nos organicemos, no sólo como movimiento sin capacidad de decisión ni de influencia determinante en las instituciones, sino que nos dotemos de estructuras potentes y reales que nos otorguen capacidad de organización y de presión, así como de autodefensa ante todos los peligros que nos acechan. Habrá, pues, que pensar en un gran Sindicato que nos agrupe, que cree lazos de sororidad y que nos guíe a través de la inteligencia colectiva, que más que nunca necesitamos, lejos de los liderazgos personalistas tan propios del Patriarcado. 

            Los sindicatos han sido muy útiles y eficaces en la lucha a favor de los y las trabajadoras en muchos momentos históricos de cambios y recuperación económica, ya que han sido agentes principales en la consecución del estado de bienestar en Europa y siguen trabajando en diversos ámbitos en el mundo del trabajo, de acuerdo con la concepción marxista del ser humano como homo faber (hombre trabajador) olvidando otros muchos aspectos, tanto de lo humano como de la existencia específica y diferencial de las mujeres. No sólo no somos hombres trabajadores, sino que, para empezar, somos mujeres, y realmente no hemos venido a este mundo sólo a trabajar.

            La situación actual es que los sindicatos se han ido apoltronando y acomodando a los grandes intereses políticos y económicos en una situación actual que ha cambiado sustancialmente, con la consecución de beneficios y poltronas para las propias cúpulas del sindicalismo.

            Tras la caída del muro de Berlín y, por tanto, de la amenaza comunista, su influencia bajó considerablemente porque el capital perdió el miedo a posibles revueltas o revoluciones, ya que el modelo de una sociedad alternativa había desaparecido. Entonces el neoliberalismo soltó las riendas con la complicidad de los gobiernos, tanto conservadores como socialdemócratas y su “tercera vía”, seguida también por el PSOE, abandonando el programa de una real socialdemocracia. Actualmente vivimos en un casino regentado por ludópatas.

            Años después advino una profunda crisis económica, diseñada o no, que sirvió como excusa para asentar definitivamente una situación generalizada de precariedad, que se ha manifestado en pobreza y paro, pero sobre todo en una nueva clase en la frontera que podríamos llamar precariado. La actual reforma laboral ha dado patente de corso a las empresas frente a los trabajadores y su objetivo último es mantener este estatus quo de modo crónico y estable.

            En este marco económico y social, la situación de las mujeres en todos los segmentos es aún más precaria y desesperante que la de los varones, ya que los sindicatos no responden ni han sabido adaptarse a las nuevas condiciones de precariedad y de modelo económico respecto a las mujeres, tales como:

  • El tema de las pensiones de las mujeres que no han cotizado y de las viudas es flagrante, porque supone no valorar ni tener en cuenta el trabajo de estas en relación a las tareas del hogar y de los cuidados.
  • El retraso de las asignaciones por dependencia, un trabajo que normalmente recae sobre las mujeres de la familia.
  • La situación de las mujeres paradas, sobre todo a partir de cierta edad, es gravísima.
  • En relación a las familias monomarentales existe un olvido total en cuanto a prestaciones.
  • Es urgente toda una red de guarderías públicas y gratuitas para facilitar el trabajo de las mujeres jóvenes y fomentar así la natalidad y una mayor libertad para las madres.
  • En cuanto a las residencias para mujeres mayores, la situación es muy deprimente. Hay que crear residencias públicas para estas mujeres con un precio proporcional a sus pensiones, así como diseñar nuevas soluciones habitacionales.
  • Atender a las condiciones de trabajo de las jóvenes: en paro, becarias, en prácticas, migrantes por trabajo, etc.
  • Mujeres inmigrantes, tan vulnerables en sociedades explotadoras.
  • Mujeres en situación de trata y prostitución con vistas a la abolición de las mismas.
  • Especial atención a las mujeres del mundo rural, excluidas de las políticas sociales y económicas.

Existe una gran ausencia del sindicalismo en todos estos temas urgentes relativos a las mujeres, sin hablar de la brecha salarial que durante 50 años los sindicatos no han solucionado. Por todo ello y otros asuntos graves, se hace urgente y necesario la creación de un Vindicato de Mujeres.